Las Iglesias Católica y Ortodoxa celebran el día del arcángel Miguel en diferentes fechas.
Tradicionalmente, la celebración católica del mundo occidental se
celebra el 29 de septiembre. Este día se celebra también a los
arcángeles San Gabriel y San Rafael. En los países del Norte de Europa se le llama a este día Michaelmas.
En la época medieval era un día muy importante y era obligación
observarlo. Más tarde, se abolió esta obligación y se añadió la
celebración de los otros arcángeles y todos los ángeles el mismo día.
Las iglesias ortodoxas celebran el día del arcángel Miguel el 8 de
noviembre, según el calendario juliano. También se celebra en su honor
el Milagro de Konia el 6 de septiembre.
¿Quién
es San Miguel Arcángel?
San
Miguel es uno de los siete arcángeles y aparece en la
Biblia, al igual que Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia da a
San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles
y le llama "Príncipe de la Milicia Celestial".
Miguel
quiere decir: ¿Quién como Dios?. Es decir: ¿quién
es tan grande, tan amable y justo como Dios?. Conociendo el
significado de su nombre tal vez nos preguntemos: ¿quién
es San Miguel?, ¿de qué o de quién nos
protege?, ¿cuál es su misión?
Ya
desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del
pueblo de Dios y su poderosa defensa continúa en el Nuevo
Testamento. Es representado como el ángel guerrero, el
conquistador de Lucifer, poniendo su pie sobre el enemigo infernal,
amenazándole con su espada o traspasándolo con
su lanza. Suele representárselo con una balanza, pues
es defensor de la justicia y su fiesta es la más antigua
de las instituidas en honor de los ángeles, la única
que se celebraba en los primeros tiempos.
La
cristiandad, desde la Iglesia primitiva, lo venera como quien
derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó
del cielo. Es reconocido como guardián de los ejércitos
cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector
de los cristianos contra los poderes diabólicos. Es conocido
como el ángel de la plegaria y de la adoración
y, finalmente, presentador de las almas de los difuntos a la
luz del Paraíso, “la luz santa prometida a Abraham
y a su descendencia”. En la liturgia, la Iglesia nos enseña
que este arcángel está puesto a custodiar el paraíso
y llevar a él a aquéllos que podrán ser
recibidos allí. A la hora de la muerte, se libra una
gran batalla, ya que el demonio tiene muy poco tiempo para hacernos
caer en tentación, o desesperación, o en falta
de reconciliación con Dios. En este momento, San Miguel,
está al lado del moribundo defendiéndolo.
San
Miguel es nuestro protector y para cumplir la misión
de protector es necesaria, además de del poder, otra
cualidad: la bondad. Su bondad, es tan grande como su poder.
Bajo sus órdenes, todos los ángeles trabajan por
la protección de los hombres. Ahora cabría preguntarnos:
¿nosotros nos empeñamos tanto como ellos en nuestra
propia salvación?
Por
otro lado, San Miguel es nuestro modelo. Modelo de recogimiento
y de unión con Dios. Es modelo de inocencia y de pureza,
no tiene sino pensamientos y deseos santos, modelo de humildad,
confiesa que Dios lo es todo y que toda persona debe quitar
de sí el orgullo, la ambición y la vanidad. Es
también modelo de celo. Sólo aspira a hacer amar
a Dios y a Jesucristo, su hijo. San Miguel es modelo de dulzura
El
procede en todas sus acciones con perfecta calma y nos muestra
claramente que la modestia, la dulzura y la paciencia son las
mejores armas contra nuestros enemigos
En
San Miguel encontramos el modelo de todas las virtudes.
Se
nos enseña en la tradición que San Miguel preside
el culto de adoración que se rinde al Altísimo
y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por
el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta
a San Miguel como el que lleva el incienso y está de
pie ante el altar como nuestro intercesor y elportador de las
oraciones de la Iglesia ante el Trono de Dios. También
hay que notar las apariciones marianas que han incluido manifestaciones
de San Miguel, su relación con la Eucaristía,
y a la adoración debida a Jesús Eucarístico
y a la Santísima Trinidad.
San
Miguel en
el Antiguo Testamento:
En
el libro de Daniel, Dios envía a San Miguel para asegurarle
a Daniel su protección (Dn. 10,13 - 12,1) y guiar al
pueblo de Israel por el desierto.
En
el libro del Exodo (23,20), el Señor dijo a los Israelitas:
«Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que
te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te
he preparado. Respétalo y escucha su voz...».
En
Judas 9, se observa a San Miguel altercando con el diablo y
disputándose el cuerpo de Moisés, que había
muerto. En obediencia al mandato de Dios, San Miguel escondió
la tumba de Moisés, ya que la gente y también
Satanás querían exponerla para llevar a los Israelitas
al pecado de idolatría.
También
se hace alusión a San Miguel en: 2 Mac. 11,6 y 15,22.
En
la actualidad, los judíos invocan al Arcángel
Miguel como el principal defensor de la sinagoga y como protector
contra sus enemigos. En la fiesta de la expiación concluyen
sus oraciones diciendo: «Miguel, príncipe de misericordia,
ora por Israel».
En
el Nuevo Testamento:
Aquí
también el papel de San Miguel es muy importante pues
continúa su poderosa defensa. Con sus ángeles,
libra la batalla victoriosa contra Satanás y los ángeles
rebeldes, los cuales son arrojados del cielo. Es por eso venerado
como guardián de la Iglesia. «Entonces se libró
una batalla en el cielo: Miguel y sus Angeles combatieron con
el Dragón y éste contraatacó con sus ángeles,
pero fueron vencidos y expulsados del cielo...» Apoc.
12,7-9.
El
honor y la veneración a San Miguel, ha sido parte esencial
de la vida de la Iglesia desde sus inicios. Se le han atribuido
innumerables beneficios espirituales y temporales. El emperador
Constantino atribuyó a este arcángel las victorias
sobre sus enemigos y por ello le construyó cerca de Constantinopla
una magnífica iglesia en su honor que se convirtió
en lugar de peregrinación, donde muchos enfermos recibieron
sanación por la intercesión de San Miguel.
¿Por qué necesitamos a San Miguel?
Como
remedio contra los espíritus infernales que se han desencadenado
en el mundo moderno, somos llamados a invocar y buscar la ayuda
de San Miguel. Dice el Cardenal Mermillod: "En estos tiempos,
cuando la misma base de la sociedad está tambaleándose
como consecuencia de haber negado los derechos de Dios, debemos
revivir la devoción a San Miguel Arcángel y con
el gritar: ¡¿Quién como Dios?!"
"La
veneración a San Miguel es el más grande remedio
en contra de la rebeldía y la desobediencia a los mandamientos
de Dios, en contra del ateísmo, escepticismo y de la
infidelidad." (San Francisco de Sales)
Precisamente,
estos vicios son muy evidentes en nuestros tiempos. Más
que nunca necesitamos la ayuda de San Miguel en orden a mantenernos
fieles en la Fe. El ateísmo y la falta de fe han infiltrado
todos los sectores de la sociedad humana. Es nuestra misión
como fieles católicos confesar nuestra fe con valentía
y gozo, y demostrar con celo nuestro amor por Jesucristo.
Como
individuos, como naciones, como Iglesia, estamos en gran batalla
espiritual. Es nuestro deber de amor usar todas las armas espirituales
para batallar con amor, fortaleza y astucia. La Virgen dijo
a la Venerable María Agreda: "Mi hija, no hay palabras
humanas que puedan describir el horror del mal que hay en Lucifer
y en sus secuaces; y cómo sus dardos están dirigidos
a la destrucción del hombre. Su gran malicia, su astucia,
sus mentiras, sugerencias, sus insinuaciones y tormentos se
dirigen a la mente y al corazón humano. El trata de aplastar
toda obra buena, de destruirla, de esconderla. Toda la malicia
que su mente es capaz de poseer quiere inyectarla en las almas.
Contra estos ataques, Dios nos da su protección: si el
hombre tan solo cooperara y correspondiera.
En
1994, antes de la Conferencia en el Cairo, donde se determinaban
temas de gran impacto para el futuro moral y social de la humanidad,
Su Santidad Juan Pablo II, pidió a todos los fieles católicos,
que rezáramos la oración a San Miguel por la intención
de esa conferencia.
Si
en tiempo de tentación, tenemos el coraje de reprender
al maligno y clamar la asistencia de San Miguel, el príncipe
de la milicia celestial, el enemigo por seguro saldría
huyendo. Si deseamos tener su protección, debemos imitar
sus virtudes, especialmente su humildad y su celo por la gloria
de Dios.

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