El llamado “amor eterno” se
sustenta en razones que van más allá de lo romántico, y se basa en cuestiones
neurobiológicas y evolutivas, apuntó Rodrigo Pedroza, responsable interino del
Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Iberoamericana.
El especialista en ciencias
biomédicas explicó que “cuando una persona está enamorada se desencadena una
cascada bioquímica impresionante que cambia completamente su percepción y
sentimientos.
Asimismo, el experto de la Ibero
estableció que el enamoramiento involucra la producción de “un cóctel” de
sustancias en la región del hipotálamo en el cerebro e incluso “se pueden
distinguir dos fases”. Expuso que en la primera hay una gran liberación de
dopamina, neurotransmisor responsable de la sensación de euforia y que se
manifiesta a nivel biológico cuando se experimentan sensaciones placenteras.
También se libera cortisol, debido
al estrés y la ansiedad que experimenta el enamorado, además aumentan los
niveles de testosterona en las mujeres, efecto que las desinhibe, y en los
hombres disminuyen, lo cual les permite enfocarse en una sola pareja.
En ese sentido, aseguró, el
enamoramiento a nivel cerebral se comporta como una droga, “por ejemplo, cuando
una persona consume cocaína se activan los mismos circuitos que al estar
enamorada. Claro, de formas diferentes, entendiendo que la cocaína es un
estímulo bioquímico aberrante, pero los mecanismos son los mismos”.
En la segunda fase ocurre algo
interesante, puntualizó, mientras las otras sustancias disminuyen, hacen su
aparición la vasopresina y la oxitocina, que permiten la creación de lazos
entre los individuos, y dan la sensación de seguridad, lo que transforma al
enamoramiento en amor estable.
“Lo curioso de estas hormonas es
que van a mantener elevados sus niveles conforme pasa el tiempo y nosotros
seguimos unidos a una pareja determinada”, comentó Pedroza. Además, explicó que
la vasopresina y la oxitocina interactúan con sistemas dopaminérgicos de placer
y recompensa, es decir, van a hacer que las personas mantengan relaciones
monógamas con el pasar del tiempo y, si hay una verdadera compatibilidad en la
pareja, los niveles de ambas sustancias se mantendrán constantes.
Sin embargo, es posible que una
persona ame a su pareja, y pueda “enamorarse” de terceros, al buscar la
sensación placentera que la dopamina en la primera fase, aseveró. A pesar de
que no existe una respuesta definitiva en la comunidad científica sobre la naturaleza
del ser humano como polígamo o monógamo, según Pedroza, existen pruebas
neurobiológicas que justifican la monogamia del ser humano como una herramienta
evolutiva.
El amor es un subproducto
precisamente de mecanismos que nos permiten aparearnos para mantener la
especie, y “parece ser que el amor es un refinamiento cognitivo-evolutivo de
aquellos mecanismos que nos permiten buscar a quien creemos que es la mejor
pareja para pasar nuestros genes”, aseveró.
Fuente: El Universal

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