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Fraternidad del Yage de oriente toma "el Trono de los Dioses"

Una vez más nos ha tocado adentrarnos a las puertas de ese mágico macizo del oriente venezolano conocido como"El Gran Turimiquiere" que no es más que una enorme cadena montañosa de esta parte del país, prácticamente virgen y que es conocida a nivel mundial por el embalse que lleva su nombre, El Tirimiquire. En esta oportunidad un grupo de veinte personas pertenecientes a la fraternidad del Yage del oriente, quienes han tenido la fortuna de conocer los secretos de esta medicina amazónica, también llamada Ayahuasca y que les permite conectarse con sus ancestros, ser parte de la naturaleza, aprender a amar las plantas y animales y demás seres vivientes y, finalmente, conocer el universo y sus dioses.
¿Donde queda eso?
En Google Earth podemos apreciar el difícil camino hacia el Boquete, base del cerro de San Juan.
Nuestro objetivo inicial fue llegar a los Altos de Sucre, pueblo enclavado en plena montaña del Gran Turimiquire, una vez tomado el vehículo en el terminal de pasajeros de Puerto La Cruz, en el estado Anzoátegui, en tan sólo 25 minutos logramos llegar al punto de inicio del recorrido a pie, que es la última parada de los jeep, en la llamada "calle el baño". Luego de saludar a la señora Alicia Mago viuda de Mendez, lo cual es una referencia obligada en esa parada, mandar saludo al cordial "cambalache", procedimos rumbo sur-este hacia la llamada Hacienda Los Mangos, propiedad de Don Froilan, algo así como el hombre de la montaña o el abuelo de Heidi, pues casi nunca abandona este lugar.



Una vez iniciado el andar, tratamos de ir todos al mismo ritmo, lo cual resulta verdaderamente difícil por lo heterogéneo de las edades de los integrantes del grupo, donde tenemos desde niños de ocho años  hasta señoras de setenta, todos animados por respirar "el prana" que genera la Malla a casi 700 metros de altura que es nuestro objetivo final, allá en el llamado "Cerro de San Juan" en la vía del Boquete, donde sabíamos que en estos días mantiene abiertos los portales del no-tiempo que comunican con dimensiones superiores de la naturaleza, por lo cual poder ser testigos de ello no tiene precio y reforzaba los ánimos de los exploradores.

 La selva de los Dioses

Los caminos estaban "montados" por el tiempo transcurrido sin  ser transitados.
Parte del grupo de la fraternidad del Yage en plena escalada al cerro de San Juan.
Siempre algunos hermanos se quedaban y había que aguardar por ellos.
Un poquito de historia sobre "el Gran Turimiquire"
El Gran Turimiquire, cuya palabra en lengua Cumanagota significa "Trono de los Dioses", comprende de un sistema de distribución de agua de gravedad que administra la empresa Hidrocaribe quien controla el funcionamiento de la planta de Tratamiento José Antonio Anzoátegui, el túnel Guacaman y las tuberías que transportan el vital liquido que es consumido la Isla de Margarita, lo cual le da un carácter de vital subsistencia y desarrollo de toda la región oriental lo cual debe ser preservado con orgullo.


Recordemos que los cumanagotos son una etnia de la rama Caribe que vivía en el centro y centro-oriente de Venezuela hasta la costa del Caribe al momento en que llegaron los europeos a Suramérica. Vivían ante todo en la región que hoy en día conforman los estados de Anzoátegui y Sucre.

El conquistador Garci González de Silva realizó en 1579 y 1580 dos expediciones de ataque contra los cumanagotos que habitaban en los Valles del Tuy. Por su parte Alexander von Humboldt los identificó como uno de los principales grupos indígenas en la Provincia de Nueva Andalucía. Siguieron siendo un pueblo claramente distinto hasta después de la Independencia de Venezuela. Para 1822 había unos 26 individuos de esta etnia en la zona al oeste de Cumaná.


Subir y subir hasta llegar a los 680 metros de altura del cerro de San Juan.
La mágica  Malla.
Desde que pisamos la cumbre del cerro de San Juan todos quedamos impresionados por la forma que la Malla dibujaba en pleno cielo del Gran Turimiquire, el ambiente se hizo menos denso, la respiración se volvió alargada y ya nadie quería bajar de ese pedacito del "Trono de los Dioses" que muy pocas personas en la Tierra han conocido en forma directa.
La Malla abriendo su portal del no-tiempo justo ante nuestros ojos.

Los más jóvenes del grupo, siempre llenos de la emoción que genera poder "tocar" el cielo, posaban para inmortalizar la odisea.

Sobran las palabras a 680 metros de altura.
Maríalex y su amigo de expedición.

¡Qué molleja!¿Cómo me llegué a subir aquí?
Hasta la maracuchita del sabor disfrutó de su trono allá en donde solo el águila y el condor llegan.
Y ni hablar Diego, el Tigre del Yage,  ¿Cómo logró meditar allí? Un misterio.
Aaoooooooooooooommmmmmmmmmmmmmm...
¿Recuerdan "al segundo a bordo"? 
Enmanuel, de ocho años, ya había hecho tres veces esta montaña, aquí lo vemos asumiendo el mando de un tramo del recorrido siendo "el segundo a bordo"

Vista de Google earth del lugar donde estábamos.
En nuestra última expedición decidimos llegar hasta la encrucijada llamada El Boquete, ubicada en Los Altos de Sucre, en los límites geográficos del estado Anzoátegui y Sucre, lugar que lleva su nombre debido a su forma de vértice formado por dos gigantes montañosos que, como columnas de Hércules, forman una puerta natural en medio de la inmensidad de la serranía del Gran Turimiquire.



Los Altos de Sucre 
Los Altos de Sucre es un hermoso pueblo de montaña enclavado en el Macizo del Gran Turimiquire a una altura variable entre 600 y 800 mts sobre el nivel del mar y una población superior a los 10.000 habitantes, sólo a 30 minutos de Puerto La Cruz y a 1 hora de Cumaná, en el cual se están desarrollando diversas actividades e infraestructura para la atención del turismo nacional e internacional, notándose la variedad de talleres artesanales, dulcería criolla, posadas, restaurantes y el senderismo; que hace posible el disfrute de todo, durante los paseos programados o posterior a una mediana o larga caminata en familia por la montaña.
Actualmente se está desarrollando el senderismo en grupos y a primera hora de la mañana permitiendo disfrutar de los otros atractivos del pueblo durante el resto del Escalar entre la espesa vegetación que conforma esta zona protegida de la naturaleza permite alcanzar el tan anhelado religare de la filosofía esotérica. Esa sensación no humana de volver a unirnos con Dios no tiene otro lugar distinto como escenario que el mismísimo Gran Turimiquire, por algo los indígenas aún lo definen como el “Trono de los dioses” y si existe sobre la tierra un lugar donde el contacto con la naturaleza se transforma en una experiencia religiosa es precisamente aquí.
Cuentan las tradiciones orales que en las simas de esta serranía del oriente venezolano los “dioses del cielo” acudían a traer mensajes a los hombres en fechas especificas: durante el solsticio de verano y el solsticio de invierno, es por ello que desde tiempos ancestrales nuestros indígenas, acompañados por sus sabios chamanes, subían en venerable peregrinación a las cúspides montañosas del Gran Turimiquire cada 21 de junio y luego los 21 de diciembre. La leyenda también señala que los “dioses el Gran Turimiquire” enseñaron a los Cumanagotos el secreto de la preparación del cazabe –producto hecho a partir de la yuka venenosa- , enseñaban cuando y como cultivarla, trajeron las semillas del café y del cacao por lo que se explica que hoy en día en el mundo aún no se sabe el porqué el cacao y el café de esta región es tan diferente al resto del planeta y es que ¿cómo pueden saber que estas frutas fueron traídas por los dioses a nuestros antepasados?

 

 También enseñaron los dioses a nuestros antepasados moradores del Gran Turimiquire que: “el pueblo que habita en donde está nuestro trono –se refiere a los cumanagotos y por extensión los hab1tantes de esta serranía oriental- seran tomados como semilla, semilla recibieron del cielo y semilla devolverán a los dioses”. Esta profecía de los indios cumanagotos, transmitida de generación en generación, ha representado todo un misterio a lo largo de los últimos siglos pues aparentemente estaríamos en deuda con aquellos seres de luz que habitaron –o por lo menos tuvieron como trono- el Gran Turimiquire.Pero la tradición también da un plazo para que se cumpla tal exigencia de los dioses del Gran Turimiquire con esta porción de la humanidad, pues la leyenda dice que: “llegará el día en que los hombres deberán pagar su tributo a los dioses del Turimiquire, en el dia que en el cielo se dibuje el gran arcoíris de todos los mundos, en la fecha del nuevo pacto, al tocar tres veces la última puerta, todos los mundos estarán al llegar la mitad del día, todos menos el que se dice amo y señor de todos los demás, ese día el hombre deberá entregar la semilla a quienes desde el cielo bajaran en busca de lo que dejaron en la tierra”


 
Este último párrafo de la profecía de los cumanagotos del Gran Turimiquire, nos hace penetrar en interpretaciones astronómicas que, aunque lejos del fin de este articulo, es preciso tocar aunque en forma superficial; ese tan anunciado día en el cual los dioses que colocaron su trono en plena serranía del Gran Turimiquire tiene una caracteristica astronómica especial, pues, se verá en el cielo un gran arcoidis de mundos, es decir deberá estar una buena parte de los planetas del Sistema Solar o por lo menos los conocidos. La leyenda excluye sólo a uno, “al que se dice amo de todos los demás” y ese no es otro que Jupiter, “el padre de todos los dioses”, el mandamás del cielo.
Sacando a Jupiter del juego, nomás falta interpretar lo que se quiere decir con la fecha del nuevo pacto, al tocar tres vecesla última puerta”. En los antiguos mitos a los solsticios se les llamaba "puertas". Por esas entradas cada estación daba acceso a un determinado grupo de energías o vibraciones. Por esas entradas cada estación daba acceso a un determinado grupo de energías o vibraciones. Por lo que no uqeda duda que la última puerta se refiere al solsticio de diciembre, hablamos del medio día del 21 de diciembre, ¿de qué año? Bueno si nuestros dioses del Gran Turimiquire son parientes de las deidades Mayas, Incas y Aztecas, podríamos presumir que caemos en la tan repetida decha: 21 de diciembre de 2012. ¡Hay mi Dios!