Saludos mis caros
hermanos. Hoy les quiero comentar brevemente lo que pude experimentar en una
semana que comenzó con el recuerdo de una
terapia mística y finalizó con la vivencia de lo que he llamado el milagro de las Constelaciones familiares.
Jamás he asistido a las terapias de Constelaciones Familiares y es que les
confieso que nunca por mi propia voluntad mis pies me habrían llevado a una de
esas tan anunciadas reuniones, ni he querido adentrarme en los estudios de Bert Hellinger ni ninguna de sus discípulas, es por ello que me doy cuenta que mi Espíritu
Guía, -que me conoce requeté muy bien y sabe que es así- tuvo que ingeniárselas como nunca para llevarme
casi “con los ojos vendados” a la convocatoria que realizó Nelly Villegas y el muy querido hermano Pablo Ramírez
en su centro cultural de Puertoteatro, de la ciudad de Puerto La Cruz.
Resulta que uno
debería procurar darse cuenta cuándo nuestro Espíritu
Guía “maniobra” para que te encuentres “en el momento justo y con las
personas correctas” en acuerdo con el Plan
Divino que así lo ha dispuesto.
Es por ello que
este miércoles cuando no pude asistir al
mediodía a verme con Pablo en
Puertoteatro, –tal y cómo lo habíamos acordado desde días antes- de verdad que
no le presté mucha atención y simplemente “lo dejamos para la tarde”.
Luego entra en
escena Beatriz, otra muy querida amiga de quién vine a saber ese día -luego de varios
agónicos meses de ausencia- gracias a una publicidad que subí por Facebook
en la que anuncio la venta de morrales montañeros de viaje con los cuales
aspiro financiar en parte mi próxima gira amazónica a la población Piaroa y
seguir profundizando en el estudio chamánico del Yopo y demás medicinas
autóctonas venezolanas.
Beatriz, que es
una súper gerente sumamente ocupada, me agendó para vernos a las dos de la
tarde del miércoles, lo cual sin muchos peros acepté, pese a que eso implicaba
cerrar más temprano el negocio de comida rápida que regento.
Total que, llegada
la hora y encontrándome listo para verme
con Beatriz, –algo nervioso, confieso por el tiempo que llevaba sin saber de
ella-, resultó ser que recibí un mensaje de texto en el cual la bella gerente me indicaba que justo cuando se
dirigía a verse conmigo su hijo Alejandro
la llamó de urgencia para que regresará a su casa, pues unos técnicos de una
compañía de cable que llevaban semanas esperando habían llegado de improviso y requerían
que Beatriz se hiciera presente.
A todas estas me
encontré doblemente “carreado”. Tanto
Pablo como Beatriz me había dejado en este caso “como novio de pueblo”, vestido
y alborotado, por lo cual tomé la única alternativa que me quedaba para
entonces: me senté en el frente de mi casa a ver la gente pasar. ¿Qué más podía
hacer ya?
-Me hubiese quedado trabajando hasta más tarde, -pensé, mientras mentalmente calculaba
cuánto más hubiese vendido ese día.
Era entonces que
sentado allí en la puerta de la casa miraba la tarde pasar y en especial a las
nubes que corrían una tras de la otra, notaba que las más chicas trataban de “meterse”
dentro de la mayor y esta a su vez parecía esforzarse por evitarlo, como
procurando que las nubecitas buscaran
una de su mismo tamaño para que, de esa forma, pudieran crecer y formar otra
nube mayor, pues notaba que la
nubesota hacia todo lo posible por
llegar hasta las montañas del Turimiquire
(“Trono de los Dioses” en lengua indígena cumanagota) que muy a lo lejos del
horizonte forman una especie de muralla ancestral ciudad, y es que la idea de
las nubes es llegar hasta allí y luego transformarse en lluvia sagrada que, a
manera de pagamento, entregue vida a las montañas que a su vez mantienen la flora que brinda abrigo a millones de seres vivientes.
Todo esto cargaba
de fuerza a aquella nube mayor a seguir su lento pero seguro camino ayudada por los vientos venidos del Mar Caribe, no obstante las muy traviesas
nubecitas son muy chicas para entenderlo y a lo lejos pude ver como varias de
esas pequeñas formas se metían en una de
las más grandes y –creo que sin querer-
hicieron que su peso aumentara al
punto que la pobre cayó convertida en llovizna antes de alcanzar su destino.
-¡Que lastima! –Me dije a mi mismo- Esas nubecitas no entienden esa parte de la Ley karmica de Alimentación, alguien debería explicársela…
Luego dirigí la
atención hacia tres lindos pajaritos que se posaron en el cable del alumbrado público
de mi calle. Todos venían volando de
manera perfecta y sincronizada, uno al lado del otro, dieron una semi curva con
un radio de giro de apenas unos 90 centímetros para finalmente realizar un
“frenazo” en el aire tras el cual se posaron con la delicadeza de un copo de
algodón justo en la primera línea del cableado eléctrico.
-¡Lo sabía! –Me dije a mí mismo- ¡Los pájaros si violan las leyes de la
física! Ese giro es totalmente imposible, justo antes de posarse sobre el cable
ellos hicieron un alto, ¡un stop!, frenaron en el aire sin batir las alas y, en
lugar de caer directo hacia abajo de acuerdo a las leyes de caída libre por
efecto de la gravitación sobre su masa, ellos sencillamente “flotaron” y se posaron donde les pareció
mejor…
Un vehículo frenó
frente a la casa y alguien, que no sé quién diablos era, me saludó..
-¡Aaaahhh Marchettiiiii!
-Heeeeeyy,- alcancé a responder automáticamente al desatinado inoportuno que logró sacarme de mis meditaciones
gravitatorias…
La tarde avanzaba
con la lentitud de aquellas nubes gigantes que ya casi no se distinguían a lo
lejos en el horizonte, -¡lo van a lograr!
–me dije asintiendo con la cabeza al darme cuenta que algunas nubes ya lanzaban
discretas centellas anunciando a la Gran Montaña que estaban por llegar, cosa que por lo visto sería un espectáculo sin
igual ya que al menos medio centenar de aves apuraban su vuelo en la misma
dirección, incluso logré contar siete enormes guacamayos que volaban hacia el punto
de la montaña sobre el cual brillaban los relámpagos.
-Pobre guacamayo, seguro que alguien le dio muerte a su pareja-me dije refiriéndome al guacamayo macho de bello plumaje azulado y
verdoso que volaba del lado izquierdo -en solitario- mientras que los otros lo hacían en pareja. Alguien desde
hace mucho tiempo me enseñó que los guacamayos al perder a su pareja nunca buscan otra y
eso de verdad es de admirar en
esta especie animal.
Miré mi celular,
un cuarto para las cinco y ni Beatriz ni Pablo se comunicaban conmigo. Mi hijo Enmanuel estaba ya por regresar del Tae
Kwon Do y mentalmente me preparaba para mi rutina física diaria con él; aunque
tengo mis coyunturas algo oxidadas me encanta sobremanera poner en práctica sus
nuevos movimientos del arte marcial koreano, ¡y vaya que ese muchachito patea
duro!
A cinco para las
cinco (5-5) recibí un mensaje de Beatriz: Voy
en camino a tu casa, no te muevas, en cinco minutos estoy allá, voy por los
bomberos de Puerto La Cruz.
-¿Qué no me mueva? ¡Esta si es grande si ya llevo tres horas sin
hacerlo! –me dije.
Aún no sabía si reír
o llorar con el mensaje de Beatriz cuando entra un nuevo texto a mi Blackberry:
-Franklin Hermano, es Pablo, vente a Puertoteatro, te estoy esperando,
vente que hay una actividad interesante que te va a gustar…
-¿Interesante? ¿Qué estará inventando Pablo? Ahora si me pusieron estos
dos contra la pared: Beatriz viene en camino y Pablo me está esperando… ¡que
vaina tan seria!, y necesito verme con ambos… bueno aquí hay una sola salida,
en lo que llegue Beatriz me la llevo a Puertoteatro “y que sea lo que Dios
quiera…”- me dije.
En ese momento
llega Beatríz y sin mediar más que un saludo subí en su vehículo y tras un
rápido beso en su mejilla y mirarla de pie a cabeza tratando de disimular mi
sorpresa por lo rejuvenecida y guapa que se veía, le pedí que me acompañara a
Puertoteatro, claro si su tiempo se lo permitía, a lo que me respondió
afirmativamente puesto que “casualmente” el profesor de la materia que le
tocaba esa tarde les había dado ese día libre por lo que no tenía nada que
hacer…
Siendo así salimos
de una para Puertoteatro, en el camino conversamos de mil y una cosas, de mi
última visita al Amazonas, de cómo me había ido en la ceremonia de meditación
chamanica a la que asistí con el querido chaman Rodolfo, de sus estudios, en
fin fueron tantas las cosas que hablamos en los 10 minutos que tardamos en
llegar a la sede teatral que si las narro aquí sería otro cuento dentro de este
cuento.
-Beatriz no te
había dicho, pero Pablo me acaba de decir que tienen una actividad “muy interesante” hoy en Puertoteatro- le comenté
a mi amiga sin ningún tono de emoción adjunto ya que para ese momento no tenía
ninguna idea en lo absoluto sobre lo que se trataba aquella “muy interesante”
reunión-.
-Bueno, si lo
organiza Pablo debe ser de verdad interesante –me respondió.
-No siempre amiga
–pensé para mis adentros- y le respondí con una muda sonrisa más parecida a una
mueca.
Una vez allí
entramos a la sala principal de Puertoteatro en la que habían dispuesto unas
veinte sillas en forma de cuarto de luna creciente. En un extremo el sonido y un pequeño entarimado al
lado del cual se encontraba una joven con aspecto de “hermana mayor” probando
un dispositivo de micrófono inalámbrico.
A nuestro paso
salió Nelly a recibirnos con un abrazo fraterno, visiblemente emocionada por
ver a Beatriz –me pareció-, y tras darnos la bienvenida a Puertoteatro nos
preguntó quién nos había avisado sobre la reunión de Constelaciones Familiares.
Beatriz
engrandeció sus ojos más allá de su tamaño normal y subió sus hombros en señal
de no saber ni quién ni cómo había llegado a esa reunión, al mismo tiempo que
yo también engrandecí los míos, pero por
la sorpresa mayúscula de saber que la
“actividad interesante” a la cual se refería Pablo era nada menos que referente
a Constelaciones
Familiares.
-¡Bien bueno!, -me
dije reconcomiando- lo menos que yo
quiero es echar el cuento de mi vida aquí.
La Constelación familiar –termino que deriva
del vocablo alemán Familienaufstellung, cuya traducción más o menos es “colocación
de la familia”- es muy popular por tratarse de una terapia alternativa que
afirma estar fundamentada en la antropología social,
la teoría sistémica y
el psicoanálisis.
Los invitados al taller
llegaban uno tras del otro y quizás el armonioso ambiente previo comenzó a
envolverme. Un agradable aroma de incienso
de inmediato elevó mi nivel vibracional, pero noté que no era normal
tanta “sublimidad” de aquel ambiente, sabía que había algo allí que no era normal, que no era cotidiano,
pero por más que inspeccioné minuciosamente cada rincón de la estancia sólo
observé libros de una exposición literaria ya pasada-ninguno con algún título
fuera de lo común-, vi algunos cuadros entre los cuales había uno mostrando en clave
alquímica una fecha y un ritual.
-¿Será ese cuadro? –me pregunté.
Seguían llegando
personas de gran valor espiritual, pude ver entrar a la siempre bella y
talentosa Nancy Marcano junto su maravilloso compañero de viaje Hugo, también estaba la
siempre atenta Ursula, Yubiry Gil y el mago
de Jesús Fermin, Doña Carmen -la madre de Nelly- que siempre está presente
acompañando a su hija “en las buenas, en las malas y en las mejores”, por
supuesto Pablo, también el hijo de Nancy y unas cuantas personas más que
completaban la escena que nuestros TRAVIESOS Espíritus
Guias habían pre diseñado con suficiente antelación.
A todas estas
pensé en un instante en no asistir, en fugarme, más sin embargo esa fuerza
presente en la sala me mantenía sujeto a lo que allí en breve iba a acontecer.
Fue entonces cuando me percaté aquella energía
que me envolvía y que impregnaba toda la estancia tenía nombre y apellido: Jhoanna
Meza.
Jhoanna, como dije
al principio, es una joven de la cual emana esa sensación de “hermana mayor”.
Se presentó refiriéndose precisamente a
su nombre el cual describió como “la etiqueta” que le regalaron sus padres.
Johanna, sin duda, es un alma antiquísima metida en un cuerpo físico de unos 33
años aproximadamente, posee una voz no muy suave, pero si solida la cual sabe
muy bien llevar desde la extrema dulzura hasta la necesaria severidad de quién
guía un ritual místico. Se percibe que
ha sido adiestrada muy bien en el arte de la oración sanadora, sabe manejar la energía magnética de su cuerpo
físico como pocas veces había visto antes a alguien hacerlo, a excepción claro
de las ceremonias de Yagé en las cuales hasta el más tonto pone una lombriz.
Esta joven
hábilmente supo integrar al grupo selecto que asistió a la cita –y a quienes
llegamos sin ser invitados- y, a la hora pautada, 7:00 PM, dio inicio a su
presentación.
No es la idea de
este breve relato describir punto tras punto la profundidad de aquella reunión
de Constelaciones
Familiares, pues no deseo arrebatarle a mis caros lectores la
oportunidad de asistir a alguno de estos eventos, sólo les puedo agregar que
aquello tenía todos los ingredientes de
una ceremonia ancestral: incienso, rezos, relajación, permiso a las fuerzas de
la naturaleza, transmisión de energías en cadena, concentración en un punto,
meditación al corazón y por supuesto una oficiante-sacerdotisa que en este
caso fue la maga Jhoanna Meza.
Dos buenos amigos
tuvieron la invalorable oportunidad de servir para que la oficiante realizara la Constelación
Familiar: En primera instancia Pablo y, en segunda, sin siquiera haberlo
pedido, mi amiga Beatriz. Con ambos seres me une una relación karmica que viene
de existencias anteriores. Pablo, mi eterno hermano ancestral y Beatriz, una de
esas linternas que me ha permitido ver con mayor claridad el Camino que ando en esta encarnación.
De la mano de
Jhoanna, Pablo pudo penetrar en forma mística a través de cinco de sus generaciones:
cuatro de su pasado y una de su futuro. En medio de la magia que proyectó la
guía oficiante todos fuimos testigos de cómo Pablo se conectó con su padre a
quien le reclamó su abandono durante sus años de infante, y en medio de las
lagrimas y el dolor de revivir parte de su vida comenzó a proyectar ese alivio
que solo da la paz, la paz del corazón que sana una herida antiquísima.
El clímax de la experiencia de Pablo
–experiencia que por ser privada no voy a profundizar sin permiso de mi buen
hermano- fue sin duda cuando Jhoanna le pide que ordene a cada miembro de su
árbol genealógico “ocupar su lugar correspondiente” –las mujeres a la izquierda
y los hombres a la derecha-, puesto que en su caso muchas mujeres de su familia
se vieron forzadas a ocupar el lugar de los hombres, no por su voluntad sino
más bien por una ausencia injustificada, a lo que cada cual comenzó a moverse,
madre y padre, abuelos maternos y a paternos, bisabuelos, justo allí es cuando
Pablo les da la espalda y al abrir sus ojos encuentra que tiene al frente suyo al
fruto de su juventud: Sol Ramírez, su bella e irreemplazable hija.
La escena se
cubrió de lagrimas, pero esta vez de alegría, Pablo daba la espalda a su
pasado, a sus recuerdos encontrados, a sus deudas karmicas ya sanadas y recomenzaba
su historia esta vez viendo que ya había cumplido, que el sacrificio de todos
sus antepasados, sus luchas, sus penurias, sus esfuerzo en aquel campo donde se
crio, que toda la leña que desde su
juventud hubo de cortar, todo aquello, lo
bueno, lo malo y lo feo fueron necesarios para que de él viniera al mundo
aquella joven, reflejo de su sacrificio, pero totalmente independiente ya de su
propia existencia.
Esto
definitivamente hay que vivirlo para
asimilarlo, fue sencillamente mágico, no hay más definiciones para describir
aquella escena de un padre liberado de años de rencor reprimido dando la
bendición a su hija, a la razón de su sin razón, a su Sol.
Cuando todos pensamos
que aquella hermosa y emotiva Ceremonia de Constelaciones
Familiares estaba llegando a su final pude darme cuenta claramente que la sacerdotisa-guía no lograba “cerrar” ese
poderoso portal que abrió y por más que nos pidió que descargáramos en el piso
la energía que “no nos pertenecía” aún algo estaba allí encerrado que
necesitaba salir a la luz.
Yo en el fondo de
mi alma sabía de que se trataba, más aun confieso ahora que lo supe desde el
primer momento en que entendí mi papel en ese lugar, al saber de qué se trataba
todo aquello de inmediato me había reconciliado con mi Espíritu Guía, puesto había entendido
el porqué de toda aquella tramoya para que yo llegara a ese lugar, y es que
realmente no se trataba de mí, no era yo el personaje que debía estar en ese
lugar, al parecer “los Espiritus Guias conspiran entre sí para mostrarnos el Camino correcto
de las cosas” y nosotros, lo simples mortales, no somos más que
instrumentos de ellos, y es que el motivo de mi presencia aquella noche era uno
solo: ¡Beatriz!
Cuando Jhoanna
intentó cerrar su magistral ceremonial y sintió que aún había “algo” que
necesitaba salir –o como ella dice, “las Constelaciones Familiares ayudan a
salir los secretos ocultos por años”-,
fue cuando dirigió su atención hacia mi amiga. Yo sabía lo que eso
significaba, para ser franco creo ser el único en aquel recinto que para ese
momento sabía a dónde iba a parar todo aquello, pues estaba al tanto de dos
cosas: la primera de ellas, la fuerza magnética que posee la sacerdotisa-guía
ya demostrada con Pablo, y por otro lado, yo conocía el gran secreto de Beatriz.
Quiero que mis
caros lectores recuerden que por naturaleza yo soy un investigador escéptico. Soy
así y punto, muchos me critican , me dicen que luego de haber vivido tantas
experiencias, de conocer el astral, de proyectarme de dimensiones
supranaturales, haber logrado en alguna oportunidad experimentar el llamado
Vacio-iluminador-aunque según no se debe decir- sigo siendo el mismo escéptico de mi infancia,
no me jacto ni me creo más que los demás, mi Espiritu Guia sabe que es así, sin
embargo soy como santo Tomas: yo debo ver muy bien, revisar, ocultar, revisar,
meter el dedo en la llaga y convencerme totalmente PARA PODER CREER.
Cuando Jhoanna
colocó a Beatriz en el centro del circulo de asistentes y conformó su
constelación familiar, DE SU LADO MATERNO, -justo donde estaba su llaga- y al
alinear tras de ella a su bisabuela, a su abuela y a su madre, comenzó a salir
a flote su verdad. ¡Nelly, que debía representar a su madre biológica de manera
instintiva se negó a colocarse de primera en la fila!
La sacerdotisa-guía
no podía entender porqué Nelly –quien se encontraba “conectada” con la
constelación de Beatriz- prácticamente
se escondió al final de la línea. Por más que Jhoanna trataba de traerla
al lugar que correspondía resultaba cuesta arriba:
-Nelly, tu representas a la madre de Beatriz,
¡Vuelve tu lugar! –decía Jhoanna.
Todos miraban
perplejos la aptitud renuente de Nelly.
Beatriz, quien
estaba totalmente conectada con sí misma, no paraba de llorar al ver la
renuencia de su madre a acudir al frente suyo, en el lugar de la constelación
que le correspondía por derecho, su lugar de madre…
Jhoanna, haciendo
uso de su experiencia mística heredada de existencias anteriores fue hasta
donde Nelly se ocultaba, en lo más lejos de las generaciones de Beatriz y de
manera amable, pero con la autoridad que le dan los años en su oficio, la tomó
por un brazo y la condujo lentamente hasta su lugar… colocó una silla la sentó y
por PRIMERA VEZ EN SU VIDA Beatriz se encontraba cara a cara, frente a frente
con su madre biológica… cuando Jhoanna les pidió a ambas que abrieran sus ojos
todos quedamos congelados..
-¡Beatriiiiz hija yo no quise dejarte sooolaaaa!!!!! Perdóname hija
El grito ensordecedor
de Nelly –que para los efectos se encontraba en conexión mediumninica con la
madre de Beatriz- reventó en la totalidad del salón de reuniones….
En ese momento
Jhoanna abrazo a Beatriz quien ya físicamente no tenía más fuerzas para resistir
todo aquello y, justo entonces mi amiga con voz
quebrantada por el llanto le confesó
a la Maestra al oído su gran
verdad:
-Yo nunca conocí a mi madre biológica… mi madre
murió en el momento de darme a luz…
Jhoanna comprendió de inmediato todo aquello que
estaba ocurriendo, Beatriz estaba liberándose de un dolor tan escondido en su
alma y su corazón por tantos años y todos en aquel espacio habíamos sido, sin
quererlo, cómplices y testigos para que el Buen
Dios le diera semejante regalo a Beatriz, la oportunidad de reencontrarse en
el tiempo y en el espacio con su progenitora y darse un abrazo eterno, el
abrazo que una hija nunca pudo darle a quién, entregándole la vida, perdió la
suya, recibió por vez primera el calor de quien por nueve meses la llevó dentro
de su vientre llenándola de las bendiciones que en vida jamás podría darle a su
retoño.
La noche
se llenó de magia y es que cuando la paz ancestral es liberada todo a tu
alrededor es, de una u otra forma, irradiado, todo brilla con nueva luz.
Yo permanecía a la
distancia junto a mi viejo hermano Pablo observando aquel milagro de las Constelaciones Familiares, y no pude
contener mis lágrimas y muy silenciosamente le comenté:
-Pablo, ella nunca
conoció a su madre biológica; su mama murió dándole a luz…
-¿Y aquella señora
que ella nos presentó como su mama? –replicó Pablo.
-Es su tía, la
hermana de su mama que quedó a cargo de ella –dije lo más calladamente que
pude.
Pablo llevó las
manos a su cara y sus lágrimas comenzaron a correr entre sus dedos. Yo lo
abracé y logré sentir que sus lágrimas eran de felicidad compartida con Beatriz.
Todo quedó
sobreentendido. Los presentes de una manera colectiva dieron paso en sus
corazones a la claridad mágica que aquel momento nos obsequió la historia de
Beatriz, contada desde su árbol genealógico, con la voz de su corazón y en medio de la energía
de aquella joven maestra de Constelaciones Familiares.
Aunque no lo
busqué ni lo pretendí yo igualmente me llevé un pedacito de toda aquella
atmosfera de magia, y es que por un momento logré sentir cómo el milagro que
experimentaba mi amiga en ese reencuentro atemporal con quien le dio la
vida también penetraba mi SER y rompiendo las férreas estructuras de mi
mente pude COMPRENDER el valor de las Constelaciones Familiares, del milagro
intimo que ellas te generan y más aún, de la importancia para sanar tanto el
alma como el espíritu.
Salud amigos y
¡¡¡Paz Inverencial!!!
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