ALLAN BULLOCK, Adolf Hitler; LOUIS LAUWELS Y JACQUES BERGIER, El Retorno de los Brujos; COLIN WILSON, Mysterious Powers; KARINA DONÁNGELO; The Golden Dawn; DEBORA GOLDSTERN, Claves Ocultas del Nazismo; TREVOR RAVENSCROFT, La Lanza del destino; NICHOLAS GOODRICK-CLARKE, Las Raíces Ocultas del Nazismo, ADOLF HITLER, Mein Kampf; UMBERTO ECO, El Péndulo de Foucault; DION FORTUNE, El Mismo Ocultismo; RENÉ GUENÓN, La Teosofía, historia de una pseudo-religión; DEUTSCHES HISTORISCHES MUSEUM, Berlin: Geistige Wegbereiter des Nationalsozialismus.
“los que detentan el poder de tomar grandes decisiones, para el bien y para el mal, forman una Criptocracia”.
Albert Einstein
Segunda Guerra Mundial, (1939-1945), Capítulo clave: Tercer Reich. ¿Se ha dicho todo? Gran parte de los historiadores opinan que sí. ¿Acaso el conflicto que definió para siempre el siglo XX, no cuenta en su haber, con gran cantidad de información que lo convierte en una gran panacea para cualquier estudioso del tema? Quizás, pero no todas las preguntas conllevan sus respectivas respuestas.
El costo humano de la guerra significó –en víctimas militares y civiles– la pérdida de decenas de millones de seres humanos, entre europeos, americanos, australianos y japoneses. Millones de almas que sufrieron los delirios de Hitler y sus secuaces, embriagados en aquel entonces por ansias expansionistas y racistas.
Pero este supuesto desmesurado “delirio” ¿de dónde provenía? ¿Acaso se puede resumir la Segunda Guerra Mundial como un enfrentamiento entre las Fuerzas del Eje en contra de las Potencias Aliadas? Sin duda, exclamaran muchos. ¿Fascismo o democracia? Interesante punto…
Pero si bien, muchos historiadores aceptan de buen grado estos conceptos, elementos altamente documentados; descreen, de una supuesta conexión esotérico-mística, a la que niegan una activa participación en el desarrollo del que fue denominado el Tercer Reich de los Mil Años. Uno de los primeros escritos que alertaron sobre esta “conexión esotérica”, proviene de dos franceses, Louis Powles y Jacques Bergier, que en 1960 con la publicación de El Retorno de los Brujos, ponían al descubierto una de las facetas desconocidas de la problemática nazi.
Uno de los capítulos del libro de Powles y Bergier reflejó –por aproximación– las bases de una “conexión esotérica” a trazar:
“…No somos tan locos como para querer explicar la historia por las sociedades secretas. Pero sí que veremos, cosa curiosa, que existe una relación y que, con el nazismo, ‘otro mundo’ reinó sobre nosotros durante algunos años. Ha sido vencido. Pero no ha muerto, ni al otro lado del Rin ni en el resto del mundo. Y no es eso lo temible, sino nuestra ignorancia…”
Esta concepción de los autores franceses, sugiere que una fuerza oscura y poderosa operaba sobre la Alemania de esos años. Fuerza, alimentada por sociedades místicas, que tergiversaron pensamientos y mitos milenarios en busca de su propia satisfacción.
Por el hecho de la rendición y de constituir un nuevo régimen, Alemania esperaba una paz negociada en vez de los duros términos impuestos por el Tratado de Versalles en 1919, en el desenlace de la Primera Guerra Mundial. Pero los aliados estaban determinados a recibir compensaciones por sus pérdidas y asegurarse de que su enemigo nunca volvería a constituir una amenaza.
Por consiguiente, Alemania perdió Alsacia y Lorena a favor de Francia y Prusia Occidental pasó a Polonia, creándose el corredor de Danzig entre Alemania y Prusia Oriental. También perdió sus colonias y tuvo que ceder sus instalaciones siderúrgicas, líneas ferroviarias y barcos mercantes, así como su fuerza naval. Alemania tuvo que limitar su Ejército y someterse a la ocupación aliada de Renania durante 15 años. Lo peor de todo fue que –además de perder el crédito de lo mejor de sus élites aristocráticas– los alemanes tuvieron que aceptar la plena responsabilidad como causante de la guerra y, consecuentemente, pagar cuantiosas indemnizaciones en concepto de reparaciones de guerra.
Estas últimas provisiones, en particular, causaron rencor entre la población; los alemanes no se consideraron más culpables que otros y no podían pagar todo lo que se les demandó. El Tratado de Versalles, comprensible desde el punto de vista aliado, no aseguró una paz duradera. Alemania ni fue aplastada por completo ni fue reintegrada en la comunidad internacional. En su lugar, al aceptar el Tratado, el nuevo gobierno quedó desacreditado ante sus ciudadanos, lo que paralizó sus oportunidades de éxito.

Perdedores y triunfadores, duras lecciones de la historia. Consciente o inconscientemente, los que redactaron el Tratado de 1919 sembraron la semilla de la discordia, pero estas semillas son solo un eslabón en la compleja cadena, que no ayudan a descifrar el enigma del movimiento nazi. La subida de Hitler al poder ocurrida en 1933, es bien recibida por una gran mayoría del pueblo alemán, que ven con buenos ojos al ex cabo de la Primera Gran Guerra. Son años de desempleo, alta inflación y desmoralización, escenario ideal, que Hitler, parece capitalizar como nadie. Presentado como un salvador que rescata a la nación aria del oprobio y el subyujamiento judío, Hitler pasará los próximos años tratando de reconstruir desde cero la historia alemana.

Pero no es tarea fácil. Para dotar de una base sólida al incipiente orden que se pretende establecer, hace falta crear una nueva identidad, más acorde a los tiempos que corren. Hitler se obsesionará con esta idea y contagiará a casi todos sus colaboradores con esta visión, compartida, en menor medida por el resto de los pobladores alemanes. Pero estas extrañas ideas no son patrimonio exclusivo de Hitler, él, sólo es transmisor de un mensaje que parte de mentes más instruidas que las de un simple cabo. Mentes empapadas de delirios místicos, trastornadas por un sincretismo oriental mal digerido, y que también fueron responsables de preparar el camino para lo que aconteció después. ¿Hubo un caldo de cultivo? ¿Cuál fue el génesis de estas anómalas ideas? ¿De dónde surge la figura del superhombre, de la raza aria, de la Svástika? ¿Simples slogans ideológicos para fascinar a la masa? ¿Por qué el Reich de los Mil Años? Durante el nacimiento y hasta su desaparición, el movimiento nazi utilizó estos elementos y se sirvió de ellos. Pero estos elementos, no solo nacieron de la inseguridad psicológica resultante de la Primera Guerra, sino, que rastreando el historial alemán, descubrimos indicios de una crisis religiosa y mística, que comenzó a gestarse en Europa a finales del Siglo XIX y que maduró en su acabada y total concepción en el Siglo XX.
Crisis moral y mística:
De cómo Hitler convenció a miles de confundidos y deseosos alemanes, para que lo acompañaran en la descabellada idea de extender el Reich por el resto de Europa, y, de cómo casi lo logró. De tratarse de un libro de ciencia ficción, sería un buen comienzo, pero el relato no es ninguna ficción, es un hecho de la Historia, aunque para algunos suene a broma.
Profundizando el asunto: ¿Porqué en la tierra de Goethe y Kant nació un Hitler? Para ir resolviendo la cuestión se necesita la ayuda de la psicología. De la mano de Eric Erickson, psiquiatra alemán nacionalizado estadounidense, van naciendo algunas respuestas:
“…El alemán es duro consigo mismo y con los demás, pero la dureza extrema sin una autoridad interior fomenta la amargura, el temor y los sentimientos de venganza. Al carecer de ideales coordinados, el alemán tiende a buscar muchas metas contradictorias y abiertamente destructivas con ciega convicción, cruel autosacrificio y un perfeccionismo supremo. Luego de la derrota y revolución de 1918, este conflicto psicológico se vio incrementado hasta el punto de una catástrofe en las clases medias alemanas; y las clases medias de cualquier parte incluyen significativamente a la clase trabajadora, en tanto ésta aspira a convertirse en clase media. Su servilismo con respecto a la clase alta, que había perdido la guerra, se veía ahora súbitamente despojado de toda semejanza con una subordinación significativa. La inflación puso en peligro las pensiones. Por otro lado, las masas vacilantes no estaban preparadas para anticipar o usurpar el papel de ciudadanos libres o de los trabajadores con conciencia de clase. Resulta evidente que sólo bajo tales condiciones las imágenes de Hitler pudieron convencer de inmediato a tantos individuos y paralizar a tantos más…”
Y vaya si pudo convencer. La Primera Guerra Mundial brindó el momento con las condiciones y motivaciones necesarias para que los nazis llegaran al poder, pero existieron otras razones, no tan visibles en la superficie, que ayudaron en la obtención del triunfo. Para comprender esas “otras razones menos palpables” a los ojos comunes, debemos continuar rastreando en la historia, donde si encontramos una ilustrativa cronología con datos más precisos.



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