Don Max Barret fue chofer de Monseñor
Lefebvre, además de íntimo amigo. El nos ha dado a conocer pensamientos,
cartas, y citas de Monseñor que se conocen poco o no se conocen en absoluto en
nuestro idioma. Les presento a continuación una carta de Monseñor Lefebvre a
Monseñor de Galarreta y luego una cita en donde reconoce y "percibe"
la infiltración dentro de la Fraternidad. Esta entrada se basa en Le Courrier
de Tychique N° 325 Carta de Monseñor Lefebvre a Monseñor de Galarreta en agosto
de 1989 (extracto): Con ocasión de la nueva división provocada por el padre
(..x..) en América del Sur, lo que ha probado a nuestra querida Fraternidad, me
parece oportuno analizar la acción del demonio para debilitar o reducir a la
nada nuestra obra.
Los autores de las diversas divisiones
¿no actúan según las dos principales tentaciones que luego se diversifican?
La primera tentación consiste en mantener
buenas relaciones con el papa o los obispos actuales.
Evidentemente, es más normal y agradable
estar en armonía con las autoridades que estar en conflicto con ellas, sobre
todo cuando estas dificultades pueden terminar en sanciones.
La Fraternidad será entonces acusada de
exagerar los errores del Concilio Vaticano II, de criticar de forma abusiva los
escritos y los actos del papa y de los obispos, de apegarse con una rigidez
excesiva a los ritos tradicionales y, en definitiva, de presentar una tendencia
al sectarismo que la conducirá un día al cisma.
Una vez mencionada la palabra cisma, ésta
servirá como un espantapájaros para asustar a los seminaristas y a su familia,
conduciéndolos a abandonar la Fraternidad, siendo esto más fácil toda vez que
los sacerdotes, los obispos y Roma misma pretenden ofrecer garantías a favor de
una cierta tradición.
Nosotros podríamos establecer una larga
lista de aquellos que nos han abandonado por estas razones.
Está claro que las consagraciones
episcopales y la excomunión serían consideradas como motivos más que
suficientes para dejar la fraternidad, sobre todo en lo que respecta a las
garantías ofrecidas por la Roma conciliar a favor de la tradición litúrgica.
A pesar que hemos verificado numerosas
veces las mentiras de la Roma conciliar en los hechos, ellos siempre tratan de
nuevo porque siempre encontrarán algunos que morderán el anzuelo. Pero los
errores del Vaticano II y su espíritu son permanente y públicamente confirmados
por los hechos y las acusaciones. Nada ha cambiado a nivel de los principios
liberales y modernistas. La fe católica continúa desapareciendo.
La mayoría de nuestros sacerdotes,
seminaristas y fieles no se ilusionan y están convencidos que es imposible
tener confianza en las autoridades de la Iglesia conciliar, mientras que Roma
profese tales errores (Sous la Banière n° 147, enero-febrero de 2010, pág. 5)
