Estamos lejos de comprender
el salto cualitativo que supone pasar de la actividad neuronal del cerebro a la
experiencia consciente
La consciencia no es un
fenómeno todo-o-nada, sino que existen diversos niveles de consciencia. Y la
transición de la inconsciencia a la consciencia no es simplemente un cambio de
una inactividad a una actividad neuronal, sino que supone un cambio en lo que
hacen las neuronas, cambio que hoy por hoy es desconocido. El dualismo que
subyace a algunas de las teorías sobre la consciencia plantea la cuestión de
cómo superarlo, ya que este dualismo no ha podido aclarar cómo es posible que
un ente inmaterial pueda interaccionar con la materia que es el cerebro.
Estamos lejos de comprender el salto cualitativo que supone pasar de la
actividad neuronal del cerebro a la experiencia subjetiva de la consciencia.
Por Francisco J. Rubia.
La consciencia es un enigma,
probablemente el mayor enigma tanto en filosofía como en ciencia. Las
cuestiones fundamentales que plantea son: ¿qué es la consciencia? ¿de dónde
procede? y ¿para qué sirve?
El filósofo australiano
David J. Chalmers distingue entre los “problemas fáciles” y el “problema duro o
difícil” (hard problem) de la consciencia. Los problemas fáciles tratan la
consciencia como una facultad mental más y analizan temas como la
discriminación entre estímulos sensoriales, la integración de la información
para guiar el comportamiento o la verbalización de estados internos, cómo se
integran los datos sensoriales con la experiencia del pasado, cómo focalizamos
la atención o lo que distingue el estado de vigilia del sueño. Pero el
“problema difícil” de la consciencia es saber cómo los procesos físicos
cerebrales dan lugar a la consciencia, cómo las descargas de millones de
neuronas pueden producir la experiencia consciente, la experiencia subjetiva.
